domingo, septiembre 13, 2009

EL PRECIO DE ENTREGARSE A DIOS COMPLETAMENTE

Por David Wilkerson

Una de las mejores formas de perder amistades y ser rechazado es entregándose a Dios por completo. ¡Toma en serio los asuntos espirituales; abandona todos tus ídolos; vuélvete al Señor con todo tu corazón y sé posesionado con Jesús; quita tus ojos de las cosas del mundo - y repentinamente te has convertido en un fanático religioso! Y te espera el peor rechazo de tu vida.

Cuando estuviste tibio, teniendo una forma de santidad sin poder - cuando no eras tan pecador, ni tan santo - no eras problemático para nadie, ni siquiera para el diablo. Las cosas estaban tranquilas; eras aceptado. Eras tan sólo uno de muchos creyentes a medias.

Pero cambiaste. Tuviste hambre de Dios. Fuiste convencido de pecado y no podías seguir jugando a iglesia. Te arrepentiste y te volviste al Señor con todo tu corazón. Abajo se fueron los ídolos. Comenzaste a hurgar en la Palabra de Dios. Dejaste de seguir las cosas materiales y te obsesionaste con Jesús. Entraste a un nuevo reino de discernimiento y comenzaste a ver cosas en la iglesia que una vez no te molestaron. Escuchas cosas del púlpito que quebrantan tu corazón. Ves a otros cristianos comprometiéndose en cosas mundanas, como una vez lo hacías tú. Por eso es que te duele tanto. Has sido despertado, volteado, quebrantado y contristado en espíritu. Y ahora tienes una carga dada por Dios por la iglesia.

Pero en vez de que tus amistades se regocijen o entiendan, ¡ellos piensan que te estás volviendo loco! Eres ridiculizado, mofado, y te llaman fanático.

Moisés fue tocado maravillosamente por la mano de Dios y despertado con relación a la atadura del pueblo de Dios. ...le vino voluntad de visitar a sus hermanos los hijos de Israel. Moisés estaba tan entusiasmado por la gran revelación de liberación que había recibido que se apresuró a compartirla con los hermanos. Pero él pensaba que sus hermanos entendían que Dios les había de dar salud por su mano; mas ellos no lo habían entendido. (Hechos 7:23,25). Moisés fue el hombre más manso de la tierra; él estaba consumido con Dios. Él no se estaba comportando como el más santo; él se estaba moviendo en Dios, proféticamente. Él quería que sus hermanos escucharan y entendieran lo que Dios iba a hacer. Al contrario, lo rechazaron, diciendo, ¿Quién te hizo rey sobre nosotros? ¿Quién te crees que eres? Un día comprenderían - pero no ahora.

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