sábado, marzo 26, 2011

La Predicación y la Enseñanza - Steven Lawson


Toda época de reforma y todo momento de despertar espiritual ha sido guiado por la recuperación de la predicación bíblica. Esta causa y efecto son atemporales e inseparables. J.H. Merle D’Aubigné, un conocido historiador de la Reforma, escribe: “La única reforma verdadera es aquella que emana de la Palabra de Dios”. Es decir, hacia donde vaya el púlpito, irá la iglesia.

Este fue el caso de la Reforma Protestante del siglo XVI. Martín Lutero, Juan Calvino y otros reformistas fueron alzados por Dios para dirigir esa época. A la cabeza estaba su recuperación de la predicación explicativa que ayudó a lanzar este movimiento religioso que puso del revés a Europa y, finalmente, a la civilización occidental. Con la sola Scriptura como su grito de guerra, una nueva generación de predicadores bíblicos volvió a instaurar al púlpito en su antigua gloria y resucitó la cristiandad apostólica.

Esto mismo ocurrió en la época dorada de los puritanos en el siglo XVII. Una recuperación de la predicación bíblica se extendió como un fuego salvaje a través de la religión seca de Escocia e Inglaterra. Un resurgimiento de la auténtica cristiandad llegó como un ejército de exponentes bíblicos: John Owen, Jeremiah Burroughs, Samuel Rutherford, entre otros, marcharon por el Imperio Británico con una Biblia abierta y una voz alzada. En su despertar, la monarquía fue sacudida y la historia modificada.

El siglo XVIII fue testigo de la misma situación. La predicación saturada de Biblia de Jonathan Edwards, George Whitefield y los Tennents, retumbó a través de las primeras colonias. La Costa atlántica se vio electrificada por la proclamación del Evangelio y Nueva Inglaterra fue sacudida por la tormenta. Se predicó la Palabra, se salvaron almas y el reino se expandió.

El hecho es que la restauración de la predicación bíblica siempre ha sido el factor dominante en toda renovación de la cristiandad originaria. Philip Schaff escribe: “Todo progreso real en la historia de la iglesia está condicionado por un estudio nuevo y profundo de las Escrituras”. Es decir, toda renovación importante en la iglesia ha sigo guiada por un regreso a la predicación explicativa.

D. Martyn Lloyd-Jones, predicador de la capilla de Westminster, en Londres, afirmó: “La necesidad más urgente en la Iglesia cristiana en la actualidad es una auténtica predicación, y puesto que esta es la mayor y más urgente necesidad en la Iglesia, es también la mayor necesidad del mundo”. Si el diagnóstico del doctor es correcto, y este escritor cree que lo es, entonces un regreso a la auténtica predicación, predicación bíblica y predicación explicativa, es la mayor necesidad en este momento crítico. Si se va a producir una reforma en la iglesia, esta debe comenzar en el púlpito.

En su día, el profeta Amós advirtió de que se acercaba una hambruna, una sequía devastadora que cubriría la tierra. Pero no sería una escasez de comida o agua, esta escasez sería aun más fatal. Sería un hambre de oír la Palabra de Dios (Amós 8:11). Seguramente la iglesia se encuentra hoy en estos mismos días de escasez. De manera trágica, la explicación ha sido reemplazada por el entretenimiento, la doctrina por el drama, la teología por el teatro y la predicación por la actuación. Lo que se necesita hoy desesperadamente es que los pastores regresen a su llamada más importante: el llamamiento divino de “predicar la palabra” (2 Timoteo 4:1-2).

¿Qué es la predicación explicativa? El reformista Juan Calvino afirmó: “Predicar es la explicación en público de la Escritura por parte del hombre enviado por Dios, en la que el propios Dios está presente en juicio y en gracia”. En otras palabras, Dios está inusualmente presente, por Su Espíritu, en la predicación de Su Palabra. Esta predicación comienza en un texto bíblico, permanece en él y muestra su sentido pretendido por Dios en una moda que cambia la vida.

Este fue el último encargo de Pablo al joven Timoteo: “Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar.” (2 Timoteo 4:2). Esta predicación necesita declarar el consejo completo de Dios en las Escrituras. Toda la Palabra escrita debe ser expuesta. No debe dejarse ninguna verdad sin enseñar, ningún pecado sin explicar, ninguna gracia sin ofrecer, ninguna promesa sin cumplir.

Un regreso caído del cielo ocurrirá cuando las Escrituras sean elevadas al trono una vez más en el púlpito. Debe existir una declaración sonora de la Biblia, el tipo de predicación que ofrece una explicación clara de un texto bíblico con una aplicación, exhortación y llamada urgente.

Todo predicador debe confiarse a sí mismo a las verdades de las Escrituras. Cuando la Biblia habla, Dios habla. El hombre de Dios no tiene nada que decir además de la Biblia. No debe airear sus opiniones personales en el púlpito. Tampoco debe exponer filosofías mundanas. El predicador está limitado a una tarea: predicar la Palabra.

Charles Haddon Spurgeon dijo: “Preferiría decir 5 palabras de este libro que 50.000 palabras de los filósofos. Si queremos renovaciones, debemos renovar nuestra propia veneración ante la Palabra de Dios. Si queremos conversiones, debemos añadir más de la Palabra de Dios en nuestros sermones”. Esta sigue siendo la necesidad latente de la actualidad.

Esperemos que una nueva generación de hombres fuertes de un paso adelante y alce la voz, y esperemos que esta sea alta y clara. Hacia donde vaya el púlpito, irá la iglesia.

Fuente: GT

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Entrada publicada por Lumbrera 3/25/2011 8:50 PM