sábado, febrero 20, 2010

¿Qué es el pragmatismo? ¿Por qué es malo?


Textos seleccionados

John MacArthur

En una columna publicada hace unos años en una revista cristiana popular, un predicador muy conocido dio rienda suelta a su odio personal por los sermones largos. El 1 de enero estaba por venir, por lo que decidió hacer lo mejor en el siguiente año. “Eso significa perder menos tiempo escuchando sermones largos y pasar mucho más tiempo preparando sermones cortos”, escribió. “La gente, he descubierto, perdonará incluso una teología pobre, siempre y cuando salgan antes de mediodía.”[1]

Desafortunadamente, eso resume perfectamente la actitud predominante detrás de gran parte del ministerio hoy. La mala doctrina es tolerable; un largo sermón ciertamente no lo es. El momento de la bendición es una preocupación mucho mayor para el feligrés promedio que el contenido del sermón. La cena del domingo y la alimentación de nuestras bocas tienen prioridad sobre la escuela dominical y el alimento de nuestras almas. La prolijidad se ha convertido en un pecado mayor que la herejía. La iglesia ha asimilado la filosofía mundana del pragmatismo, y estamos empezando a probar los amargos resultados.

¿Qué es el pragmatismo?

El pragmatismo es la noción de que el significado o el valor está determinado por las consecuencias prácticas. Es muy semejante al utilitarismo, la creencia de que la utilidad es el estándar de lo que es bueno. Para un pragmático / utilitario, si una técnica o curso de acción tiene el efecto deseado, es bueno. Si no parece funcionar, debe estar equivocado.

El pragmatismo como filosofía fue desarrollado y popularizado a finales del siglo pasado por el filósofo William James, junto con otros destacados intelectuales tales como John Dewey y George Santayana. Fue James quien dio a la nueva filosofía su nombre y forma. En 1907, publicó una colección de conferencias titulado Pragmatismo: un Nuevo Nombre Para Algunos Antiguos Modos de Pensar, y así se define un enfoque completamente nuevo a la verdad y la vida.

El pragmatismo tiene sus raíces en el darwinismo y el humanismo secular. Es inherentemente relativista, rechazando la noción del bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, la verdad y el error. El pragmatismo en última instancia, define la verdad como lo que es útil, significativo, práctico. Ideas que no parecen viables o pertinentes son rechazadas como falsas.

¿Qué está mal con el pragmatismo?

Después de todo, el sentido común implica una medida de pragmatismo legítimo, ¿no es así? Si una llave goteando funciona bien después de reemplazar las arandelas, por ejemplo, es razonable suponer que las arandelas malas eran el problema. Si el medicamento que su médico le prescribe produce efectos secundarios nocivos o no tiene ningún efecto en absoluto, tiene que preguntarse si hay un remedio que funcione. Tales realidades simples pragmáticas son generalmente evidentes por sí solas.

Pero cuando el pragmatismo se utiliza para hacer juicios sobre lo correcto e incorrecto, o cuando se convierte en una filosofía que orienta la vida y el ministerio, inevitablemente chocará con las Escrituras. La verdad espiritual y bíblica no se determina mediante pruebas de lo que “funciona” y lo que no. Sabemos por las Escrituras, por ejemplo, que el evangelio a menudo no produce una respuesta positiva (1 Cor. 1:22, 23; 2:14). Por otra parte, el engaño y la mentira satánica puede ser muy eficaz (Mt. 24:23, 24; 2 Cor. 4:3, 4). La reacción de la mayoría no es una prueba de validez (cf. Mat. 7:13, 14), y la prosperidad no es una medida de la verdad (cf. Job 12:6). El pragmatismo como filosofía orientadora del ministerio es inherentemente defectuoso. El pragmatismo como una prueba de la verdad es poco menos que satánica.

Sin embargo, un aumento abrumador de ardiente pragmatismo está pasando a través del evangelismo. La metodología tradicional-en particular la predicación –está siendo desechada o minimizada en favor de los medios novedosos, tales como el teatro, la danza, el humor, la variedad, la atracción histriónica, la psicología popular, y otras formas de entretenimiento. Los nuevos métodos supuestamente son más “efectivos”, es decir, atraen a un mayor público. Y puesto que el principal criterio para medir el éxito de una iglesia se ha convertido en cifras de asistencia, cualquier cosa que atraiga más gente es aceptada sin más análisis que bueno. Eso es el pragmatismo.

Tal vez los signos más visibles del pragmatismo se observan en los cambios convulsivos que han revolucionado el servicio de adoración de la iglesia en las últimas dos décadas. Algunas de las iglesias más grandes y más influyentes del evangelicalismo ahora cuentan con servicios dominicales que están diseñados a propósito para ser más joviales que reverentes.

Peor aún, la teología toma ahora a un segundo plano a la metodología. Un autor ha escrito: “Anteriormente, una declaración doctrinal representaba la razón de la existencia de una denominación. Hoy en día, la metodología es el pegamento que une a las iglesias. Una declaración del ministerio define su existencia denominacional.”[2] Aunque parezca increíble, muchos creen que se trata de un tendencia positiva, un avance importante para la iglesia contemporánea.

Algunos líderes de la iglesia, evidentemente, piensan que las cuatro prioridades de la Iglesia primitiva –doctrina de los apóstoles, la comunión, partimiento del pan y la oración (Hechos 2:42)– hacen un programa poco convincente para la iglesia en este día y época. Las iglesias están permitiendo que el teatro, la recreación, el entretenimiento, los programas de autoayuda, y empresas similares eclipsen la importancia de la liturgia tradicional de los domingos y el compañerismo. De hecho, todo parece estar de moda en la iglesia de hoy, excepto la predicación bíblica. El nuevo pragmatismo ve la predicación –en particular, la predicación expositiva,- como del pasado. Es evidente que declarar la verdad de la Palabra de Dios es considerado como ofensivo y totalmente ineficaz. Estamos ahora diciendo que podemos obtener mejores resultados, primeramente divirtiendo a las personas o dándoles psicología y, por tanto halagándolos al redil. Una vez que se sientan cómodos, estarán listos para recibir la verdad bíblica en pequeñas dosis diluidas.

Los pastores están recurriendo a los libros sobre los métodos de comercialización en la búsqueda de nuevas técnicas para ayudar a las iglesias a crecer. Muchos seminarios han cambiado su énfasis de formación pastoral del plan de estudios bíblicos y la teología a las técnicas y teorías de Igle-crecimiento. Todas estas tendencias reflejan el creciente compromiso de la iglesia al pragmatismo.

Notas: * Este artículo es un extracto de Avergonzados del Evangelio: Cuando la Iglesia se Vuelve Como el Mundo (Portavoz, 2001).